Trastorno Obsesivo-Compulsivo (TOC). La necesidad de la repetición

Uno, dos y tres. Roberto abre el armario y coge la camisa, hoy es lunes, toca la de rayas y tonos azules. La deja bien estirada en la cama y desabrocha los botones, de abajo hacia arriba, después se la pone, primero mete la mano derecha y luego la izquierda, a continuación, abrocha los botones, ahora de arriba hacia abajo. Se mira en el espejo, la camisa está perfecta. Se desabrocha los botones (de abajo hacia arriba) y se la quita. Repite todo este proceso de nuevo y, cuando termina, lo vuelve a hacer una vez más.

Después se pone el pantalón, abrochándose el cinturón en el tercer agujero, aunque le aprieta un poco. Se mira al espejo, todo en su sitio. Se quita el pantalón y se lo vuelve a poner. Se mira al espejo, todo bien. Lo vuelve a hacer por última vez.

A continuación, se pone los zapatos, primero el derecho. Una vez puestos, anuda los cordones, pasea un poco por la habitación y se los quita. Repite este proceso dos veces más.

Esto solo es una parte del ritual que Roberto debe realizar siempre antes de salir de casa. No es algo con lo que disfrute, de hecho, le causa malestar; debe empezar a prepararse con mucha antelación, porque esta rutina le lleva más de una hora, pero siente que, si no lo hace, algo horrible puede pasar ese día. La ansiedad y el miedo son tan grandes, que rara vez se vuelve a plantear porqué lo hace.

Como podemos ver, Roberto repite cada una de sus acciones tres veces. Detrás de este ritual se encuentran una serie de pensamientos irracionales y catastróficos, le llevan a pensar que, si no realiza su ritual rigurosamente, puede pasarle algo malo a él o a alguien de su alrededor. Roberto padece un tipo de trastorno obsesivo-compulsivo.

¿Qué es el Trastorno Obsesivo-Compulsivo (o TOC)?

El trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) se caracteriza por la aparición de pensamientos o imágenes recurrentes, no deseados e irracionales, llamados obsesiones, y por la aparición de comportamientos repetitivos o rituales, las compulsiones.

Las obsesiones aparecen como ideas, imágenes o pensamientos intrusivos e inapropiados, que general gran ansiedad. Las compulsiones, por otro lado, son las conductas que se realizan para aliviar y “controlar” el malestar que generan las obsesiones. Las compulsiones más conocidas son las que comprenden la realización de una acción, pero también pueden ser actos mentales (como repetir mentalmente una palabra un número determinado de veces).

En la mayoría de los casos se dan ambos componentes, las obsesiones y las compulsiones, pero también se pueden presentar por separado. Cuando la persona realiza una compulsión para neutralizar una obsesión, esta suele ser excesiva y no tiene por qué estar relacionada de manera realista con los pensamientos intrusivos.

El TOC puede ser muy diverso, pero las obsesiones más comunes suelen estar relacionadas con la contaminación, la pérdida del control, el perfeccionismo, el daño, los pensamientos sexuales no deseados y las obsesiones religiosas. Por otro lado, las compulsiones consisten en la limpieza, la revisión, la repetición y las compulsiones de carácter mental.

¿Cómo saber si padezco TOC?

Seguro que tú también has sentido alguna vez la necesidad de repetir una acción varias veces, de comprobar o volver a revisar si llevas las llaves o si has cerrado la puerta. Los pensamientos intrusivos o ideas inapropiadas también se pueden presentar con normalidad, ¿no se te ha pasado por la cabeza alguna vez la idea de gritar muy fuerte en lugares en los que deberías estar en silencio, como una biblioteca o en mitad de una reunión importante? O, quizás te hayas acercado a la barandilla de una azotea y se te haya pasado por la cabeza la idea de saltar.

Todos podemos presentar ciertas compulsiones o pensamientos intrusivos, pero estas condiciones se convierten en un problema cuando generan gran malestar en la persona, llevándola a evitar ciertas situaciones o a realizar acciones que interfieren en su vida diaria.

Si sientes que este tipo de comportamientos te están generando algún tipo de malestar, puedes reservar una sesión conmigo para que hablemos sobre ello.

Disociación. La desconexión como “salvación”

Martina me mira, sonríe y bromea mientras me habla de la muerte de su hermano, fue hace dos años, en un accidente de tráfico. A simple vista parece relajada, como si lo que contara fuera un hecho completamente banal, algo que le hubiera ocurrido aquella misma mañana.

No es la primera vez que hablamos sobre ello, antes no era muy consciente de su reacción, ahora me explica que, cuando habla sobre este tema, siente como si vistiera una capa impermeable que impide que las emociones que le provoca recordar la muerte de su hermano la atraviesen y lleguen hasta ella. De esta manera no siente dolor, no siente tristeza, no siente rabia, no siente nada. Desconecta emocionalmente. Martina esta disociada.

¿Qué es la disociación?

Cuando sufrimos una situación traumática que nos supera, nuestra mente puede adoptar un mecanismo de defensa llamado disociación. La disociación consiste en tomar distancia, en experimentar desconexión entre los pensamientos, las emociones, los recuerdos y, a veces, la propia identidad.

Aunque normalmente se presenta cuando sufrimos un trauma psicológico, como la muerte repentina o inesperada de un ser querido, maltrato psicológico o físico, o abuso sexual, también puede aparecer sin el mismo. Todos podemos experimentar síntomas de disociación, de distanciamiento y desconexión de la realidad en algún momento de nuestras vidas.

Los mecanismos de defensa no tienen por qué ser algo patológico. Como dice su nombre, se tratan de una reacción de nuestra mente para protegernos de una situación inesperada y poder preparar una respuesta ante la misma. Tomar cierta distancia de la situación nos permite elaborar un plan de actuación, analizar de forma racional lo que ocurre y preparar una respuesta exitosa. El problema es cuando nos anclamos en ese distanciamiento y no avanzamos, no procesamos las emociones, que parecen haber quedado congeladas y asépticas ante nosotros. En este caso, será preciso intervenir, puesto que estos síntomas acabaran interfiriendo, de una u otra manera, en nuestras vidas.

¿A qué se debe la disociación?

Esta alteración psicológica puede presentarse asociada a una situación traumática o formando parte de otros trastornos psicológicos, como el trastorno de estrés postraumático, la ansiedad, la depresión, el trastorno límite de la personalidad y los trastornos disociativos, entre otros. La disociación puede alterar la consciencia, la memoria y cómo se percibe el ambiente.

¿Cuándo puede aparecer?

A veces, puede presentarse solo ante el recuerdo del trauma, pero, otras veces, cuando nuestra mente ha aprendido a utilizar este mecanismo de defensa, puede activarse ante situaciones que generan emociones negativas, pero que no deberían interpretarse como una amenaza. Se podría decir que, en algunos casos, la persona acaba bloqueando y desconectando de todas las emociones que le provocan algún malestar.

En estos casos, la terapia psicológica persigue la integración de las diferentes partes que han quedado separadas y disociadas, buscando la reconexión entre recuerdos, emociones y pensamientos.

¿Te has sentido así alguna vez? ¿Conoces a alguien que haya pasado por esto?

Anhedonia. Cuando las cosas agradables ya no nos causan placer

Ana abre los ojos. Son las 11 de la mañana. No está dormida, lleva desde las 8 en duermevela, en un rinconcito de la cama y sin querer moverse ni sentirse capaz de levantarse. Todas las mañanas le ocurre y, cuando por fin lo consigue, suele arrastrar los pies hasta el baño para después pasar el resto de mañana en el sofá. Su único objetivo del día es preparar algo para comer antes de ir a trabajar, no parece complicado, tiene reservas de comida congelada que solo debe calentar pero, la mayoría de las mañanas, deja que el tiempo se le escurre mientras sigue acurrucada en el sillón, mirando la tele sin ver nada, sin ganas de comer, sin ganas de vestirse y sin ganas de ir a trabajar, como si cualquiera de estas acciones tuviera un peso enorme que no puede afrontar.

Antes iba tres veces por semana a la piscina, a primera hora de la mañana, y luego tomaba café con sus amigas. Hace semanas que Ana no se une a esos planes. Levantarse por las mañanas para ir a la piscina le empezó a parecer algo imposible y, los días que lo conseguía, lejos de sentirse bien, deseaba que la actividad se terminara lo antes posible para volver a casa. Lo mismo ocurría durante el momento del café con sus amigas; nunca quería estar allí y solía buscar una excusa para marcharse, cuando se quedaba con ellas, se sentía completamente ajena a las conversaciones y a la situación en la que estaba.

¿Qué es la anhedonia?

Seguro que tú alguna vez también has sentido la sensación de no querer hacer nada y de que cualquier acción, por más simple que sea, parezca algo imposible de hacer. A veces ocurre, a veces entramos en un estado de inapetencia total, esto sucede porque somos incapaces de experimentar placer y satisfacción en casi todas las actividades, de manera que perdemos el interés en realizarlas. Ocurriendo, incluso, en nuestras actividades preferidas, aquellas que antes disfrutábamos y nos hacían sentir bien.

¿Cuándo aparece la anhedonia?

Esta condición puede darse ante diversidad de situaciones; puede ocurrir tras una pérdida importante, en una época de estrés, ante la dificultad de tomar una decisión importante, etc. La intensidad con la que la sentimos puede ser variable, así como el modo en el que se aparece, pudiendo ser transitoria, presentarse de manera intermitente en diferentes periodos de nuestra vida o mostrarse de forma persistente.

De esta manera, puede aparecer de manera similar a una emoción negativa, unida a una situación temporal que nos causa malestar o, por el contrario, aparecer con gran intensidad y de manera constante, siendo un problema que ha de tratarse.

¿La anhedonia está relacionada con la depresión?

La anhedonia es uno de los síntomas más característicos de la depresión, de manera que, cuando se presenta de manera persistente y va unida a otros síntomas, podemos contemplarla como parte de la sintomatología de la depresión. Sin embargo, también puede aparecer en otros trastornos, como en algunos casos de demencias, en trastornos psicóticos o en el trastorno esquizoide de la personalidad.

¿Cómo saber si es anhedonia y si debo pedir ayuda?

Para poder valorar el grado de anhedonia y diagnosticarla como un trastorno, es necesario conocer el grado de insatisfacción que experimenta la persona ante las actividades que realiza, así como la valoración que realiza sobre sus capacidades y logros. También será preciso evaluar sus relaciones interpersonales, la forma en la que afronta los acontecimientos de su vida y sus experiencias vitales.

Analizar las condiciones que rodean a esta condición será fundamental para poder plantear un tratamiento eficaz, en el que se aborde tanto esta problemática como las situaciones que la plantean, dotando al paciente de herramientas útiles para poder afrontarlas con éxito.

¿Te has sentido así alguna vez?

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